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22/8/13

Volver.

Así como de adultos nos damos cuenta que el giro a la izquierda es lo más incómodo que le puede pasar al tránsito de una ciudad, o cuando no logramos recordar por qué le quitábamos los pimientos a los pinchos, o también el día en que nos fijamos en lo sexualmente ambiguos que eran los muñequitos de antes... hay cosas que se entienden mejor cuando las agujas se marean de tanto avanzar.

Así, un día tocamos otra vez la puerta que nuestros nudillos ya memorizaron a golpes. Volvemos donde sea, a quien sea, sólo para comprobar que el tiempo no pasa en vano. Encontramos las marcas que siguen ahí, desafiantes y borrosas, y la cosecha de recuerdos que se asoman a vernos, algunos marchitos y otros tan vivos como un paisaje en acuarela. Volvemos con otra piel que no es la misma que dejamos allá aquellas noches y algunos días, pero que aún pulsa al pasar cerca de ciertos centros.


Aunque los propagandistas te digan que la vida no retrocede, un día aprendimos que el malinterpretado cangrejo realmente no camina hacia atrás sino donde le dejen sus tantas patas.

Gabriela Aguirre
Santo Domingo, República Dominicana