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2/9/13

Xing qi yi.

Todos los días eran lunes para Emerson desde que consiguió un trabajo en uno de los tantos Tradings del Barrio Chino. Decenas de lunes le pesaban a su espalda mientras cargaba de aquí para allá cajas de algas y raíces de jengibre, wontones refrigerados, shampoo de Jackie Chan y raquetas eléctricas. A Emerson le había dejado de importar el paso del calendario porque recibía su sueldito fijo para olvidarlo. Su única compañera de trabajo durante algunos de estos lunes era la cajera, cuyo nombre sonaba como Shinsi Yi, pero si se aventuraba fuera del barrio se hacía llamar Vanesa. Él le enseño a traducir algunos paquetes imposibles para los ojos fullscreen de los clientes. Ya Vanesa sabía distinguir entre "maní crulo" y "maní totá", "sasesoya" y "vinagle de aló" y entre el té para "tleñimieto" y el de "potencia sesuá". Emerson, en cambio, no sabía ni reírse en chino.


Al principio a él le intrigaba saber acerca del contenido de las cajas, pero con el paso de los lunes y varias miradas cortantes después, su ambición ya sabía igual que unos aritos de cebolla preempacados. Lo único que quería era reunir el valor de decirle a Shin-Vanesa-Yi que fuera con él a bailar salsa. La quería ver bajo las luces redondas de la Duarte, tomar una guagua con ella y enseñarla a pronunciar "Teleofertas" y "fritura" de forma correcta. Pero más allá de una sonrisa mecánica, Vanesa nunca le iba a corresponder, ni tampoco iba a cambiar los karaokes de los lunes por unos pasos temblorosos de salsa, que por cierto nunca logró entender cómo se bailaba el contenido de un pote. A seguir cargando cajas de woks y sueños, Emerson.

Gabriela Aguirre
Santo Domingo, República Dominicana.