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5/3/14

The public stage and every other demon.

"These words I write keep me from total madness" 

Everything is public, open, near and festive,
air kisses rule in every picture and dumb faces are the new hip and cool,
no more secret spots, no more hideouts,
just the blinding spotlight of the boring, the simple and the safe.

The public stage of affection, shit faced nights and mediocre beach trips,
the masses salivate, shrug and judge the moments,
my moments,
all mine,
they follow, they pray and they solve the problems of the human kind,
one click at a time, one trial at a time.

No more secrets, no more fancy dresses,
it is all public and free of charge,
go ahead take a bite and tell me all about it,
take a sip and and make me a video, 
'cause we all need to know, you know. 

Let's hold hands, let's get on airplanes and become vegans,
let's swim through the manure and come out spotless,
let's make it public, let's make it count,
let's tell everybody for no reason at all,
and maybe then we can make the front page of the fake news. 

Everything is public and I could care less,
it is all known and dissected by the morons, by the bitter and the moderns,
let's make all things public, they said
or let's just wait for the ending credits to crawl up over our blue sky
and expect no change in return for the mess we all have made here. 

Take a bow human kind. 


Fuck you, Dorothy.



¿Qué tan fácil es jugar conmigo?
¿Qué tan fácil es mencionarme un abril para que yo imagine lo que no debo?
¿Qué tan difícil es decirme que mis letras no sirven ni para una mala paja?
¿Qué tan idiota debo seguir siendo para creerme todo lo que callas?
¿Qué tan fuerte debe ser la esperanza?
Y siempre hay problemas cuando mi duda tiene hambre pero con tu ego todo bien porque siempre tiene de comer.

(Hablas de cosas que no existen
Mi ego es una de ellas)

Y yo soy de hojalata y no tengo corazón, Dorothy.
Te me cuidas mucho de regreso a Kansas.

Fernando Peralta Cruz.
New York, NY

3/3/14

Excusas.

Nunca necesité una excusa para esconderme detrás de cualquier muro, o para  explorar debajo de cualquier falda a la hora de justificar mi conocimiento ya que todo lo hacía con fines educativos.

Tampoco necesité excusas para dejar de nadar las piscinas públicas que me ofrecen las dudas.

Nunca necesité excusa para huir de las ironías de la vida o para bailar con ellas.

No necesito excusas para perderme en los riéles que me alejan de la sobriedad y hacen que me pierda en la enorme pantaleta cultural de ésta ciudad.

No tengo el valor ni la excusa suficiente para abandonar las letras sabiendo que sólo hemos llegado al forplei.

No hay excusa ni ley moral que me aleje de los problemas que saben dar cómo fruto lo mejor de mis historias incompletas.

No existe el eco que llene la noche que se desvela en espera de un poema.

Nunca he necesitado más que ganas para rascarme un grano en público.

20/2/14

Sueño de un poeta que sueña sueños con esperanzas de cuerpos

De los sueños con esperanza de cuerpo
nacen canciones que sueñan ser verso
con pocas esperanzas de alcanzar la madurez de un poema
que guarda esperanzas de perderse en una servilleta
en un bar de madrugada con deseos comerse vivo a un poeta

que soñó sueños con esperanza de cuerpo. 

1/2/14

Periquito

Apareció Periquito, tenía años perdido.  Periquito fue un regalo de una amiga de mi madre, muy pobre ella, cuando yo nací.  Le dijo a mis padres que ese sería el único regalo que me podría hacer en mucho tiempo.  

Periquito siempre estaba a mi lado, viajó conmigo a Puerto Plata aquel domingo en que casi me ahogo, de ahí mi premonición de que un día moriré ahogado.  También Periquito me acompañó cuando fuí al médico y le dijeron a mis padres que tenía un caso de sinusitis crónica. Recuerdo al doctor prohibiendome:  nadar en piscinas, dormir con abanico, usar jabón con fragancias, estar fuera de la casa si la temperatura era fría, no podía usar perfumes.  Mi casa era una gran farmacia y aun así, yo no podía dormir.

Recuerdo los remedios caseros que mis padres trataron:  Cebollín con leche de coco y miel; Bija, limón y cebollín otra vez; Miel, un limón entero hervido, jugo de una naranja, ceo que también cebollín.  Lo único que funcionó fue recibir los vapores de un chorrito de trementina, hojas de eucalipto, vicks Vaporub y no, no llevaba cebollín.  Recuerdo todas esas noches, Papi y Mami hablándome para entrenerme, Periquito conmigo al lado de esa olla de aluminio, como si fueramos indios de alguna reserva Cherokee.

Periquito me acompañaba a mis veranos de Baitoa, a los campamentos de Amaprosan, las tantas veces que me mudé en Santiago:  El ensueño, Ensanche Ortega, La Villa Olímpica, Oquet, Los Jardines.  Cuando me convertí en adolescente con bigoticos pintados, me mudé a Santo Domingo y no volví a ver a Periquito, se me perdió entre las cajas de cachivaches.  Quería tenerlo en algún rincón visible de la casa y que viera como había crecido, que estuviese ahí las veces que amanecí estudiando o que viera la primera vez que llegué a casa borracho y mis padres lo notaron, se hubiese reido mucho.

Periquito no estuvo ahí cuando Fonso nació.  Tampoco cuando dio sus primeros pasos, ni cuando se cortó la frente con la mesa.  Recuerdo ese día.  Estaba con unos amigos cuando recibí una llamada de mami:  Alfonso, Fonsito se accidentó necesita puntos.  Salí raudo en mi carro por toda la Winston Churchill, me llevé dos semáforos en rojo e hice un viraje muy temerario en la 27.  En la camilla donde recibía suturas, le preguntaba a la doctora que le iban a hacer, cómo se llamaban los instrumentos que ella usaba, cuándo le quitarían los puntos.  Me recordó cuando, teniendo su misma edad, me cai en mi bicicleta bajando unos escalones en la finca de mi abuelo.  Esa vez me dieron siete puntos en el labio superior.

Ayer encontraron a periquito dentro de unas cajas que iban a botar.  Estaba al lado de un portaretratos sin foto, de un reloj despertador que mi padre arregló mil veces.  Un folder con un contrato de venta que nunca honraron, una bola de cristal que al agitar simulaba una nevada sobre la estatua de la libertad, pero la nieve se quedaba pegada, nunca sirvió.  Un radio de pilas y copia del primer cheque que cobré como ingeniero.  

15/1/14

Quedarnos

Aquí nos quedamos,
con la esperanza del fin en los bolsillos
y la inmortalidad que marcan nuestros pasos.
Jugando a inventarnos dioses con pechos de mujer
e infinitos en los labios,
a la luz de la poesía que nos espera,
siempre,
a pesar de nuestra infidelidad hacia lo bello.
Aquí nos quedamos,
en silencio,
con poesía
y muchas camas vacías.


13/1/14

The reruns of my life.

So there she was again, sitting there.
Just sitting there with perfect lighting landing on her cheeks,
soft margarine in her plate and two cups of cold coffee beside her.

"I've seen this before" she said, "I've seen all of this before",
she had seen my love hiding between newspapers and decrepit politicians,
between power ballads, prescription drugs and many plane tickets,
yes you have, you've seen this before woman.

She sat there waiting for me, waiting for a look and a fake smile,
wondering about my weird posture and my banged up moccasins,
taking her time to deconstruct my anger, my sweetness, my charm.

"I remember these walls, that little dog and those back aches" she said to me.
Her plate untouched and the wine running out,
as I read the obituaries, lamenting all of this anonymous departures,
she used to hate this sick custom of mine. 

The canned laughter is ready to go and the seats are all filled,
we walk into the kitchen and argue about bills and healthy food,
the neighbour playing the same records and the hammer of this city breaking me,
"It would be nice to create memories" was her line,
instead she went with "I need to get out, I need to leave".

The audience sat quiet and still,
the producer worried, the director gasped in front of the crew
and the cameraman maintained the frame,
I improvised and decided to let loose my favourite paragraph of all: 

The people got up and found the exit,
the lights are dimmed and the cameras are off.
Crew call will be at 8, I will see you then,
for now I'll just become quiet if I may. 



19/12/13

A dog.



I'm a dog with the eyes of a salesman
a bartender that swings between the whisky bottles.
I'm the boxer that smiles before you get hit,
I'm the apprentice, the kid, the morse code, the scum.

I'm that pale man under the coconut tree,
the one that reads dirty poetry in the middle of work,
the one that memorises Hank's stories and sings to your songs,
I'm the one that fears mice and tells death to knuckle up.

I'm a dog that limps down the narrow streets,
the dog that finds your paths and stays on them,
I'm the doorman that leans on your greetings,
I'm the old lady waiting for the bus.

I'm a dog that misses the grass, the little houses and my grandma,
I smell my way to your lap, to your meals, to your smiles,
I am that dog that eats from your hand and bites the air,
plays with the children and surrenders to your presence.

I'm a tiny dog waiting for the sun, the moon, the kiss and my treat.

16/12/13

El tiempo (Divagaciones)



El tiempo te enseña que no hay caminos en el lado oscuro del silencio. Que la peor parte del olvido son sus "por qués", que dejan sin azules los cielos, sin melancolía los vasos vacíos. Te enseña que la magia que en su momento unió dos tierras a lo largo de un mar siempre caribe, siempre atómico, siempre mar, duele. Te enseña que tu mejor compañía cuando se camina sus calles en sus noches de llovizna sin dirección son una petaca y unos cuantos cigarrillos. El tiempo te enseña que el tiempo no lo puede curar todo cuando juegas a seducir el olvido subiendo sus faldas, tomándolo por las nalgas y recitándole versos malditos. Ni siquiera echándote al olvido puedes olvidar. El tiempo te enseña que es tan fácil perderse aun cuando se conoce el camino de memoria. Que cuando no se quiere aceptar que se esta perdido, dar vueltas y tropezar mil veces, es tan dulce. Es tan dulce la crueldad de buscar ese cuerpo en otros cuerpos. Buscar esa voz en otros silencios. Buscar el olvido en su recuerdo. Es tan dulce pretender encontrar la sonrisa en la tristeza. El tiempo te enseña que los caminos siempre son los mismos, lo único que cambia son las suelas de los zapatos. El tiempo te enseña que no hay caminos en el lado oscuro del silencio. Y a la luz de lo que se desea no hay oscuridad en el silencio del tiempo. 

Mami, yo no sé.

Soy hijo de una madre soltera de la cuál siempre obtuve todo porque era adicta a su trabajo y era muy apegada a sus responsabilidades. Tuve siempre un buen techo en el cual nunca hubo una gotera y nunca vi un plato que no tuviese comida. En mi mochila del colegio siempre tuve libros y cuadernos cagados de mis dibujitos y letras.

Gracias a Verónica tuve todo ya que la mitad de cada uno de sus latidos eran para mí.

De jovencito recuerdo que nos mudamos a San Pedro de Macorís. Si mi memoria no está mal era el barrio los maestros, casa de dos plantas; arriba vivía doña rosa y al frente estaban Don Bienvenido y su colmado. En aquel colmado aprendí la diferencia enorme que existe entre los jugos ricas normales y los 100%. Aprendí lo que era una jugola. A una cuadra vivía Alexis Sánchez, mi primer amigo del pueblo, y su familia. Eramos todos súper fanáticos de las tortugas ninjas y el abuelo de Alexis era experto en decir: “Santiago, Santiago, La ciudad corazón”.

También aprendí que la televisión y el nintendo siempre estaban ahí. Sobre todo en la soledad y en los días “sin familia” (Vamos a llamarle así a los días en que mami terminaba tarde en las noches de inventario), en la enfermedad y en la joven e ingenua locura. Creo que estar en mi habitación en paz y jugando video juegos fue la primer probadita que tuve de independencia y libertad.

Quizás a mami le preocupaba, pero no había de que. Creo que aprendió cómo era mi forma de ser luego de que aquella vez fui a casa de Carlo Danilo Pestana a jugar súper nintendo. Y era las 7 de la noche y ella estaba loca buscándome ya que nunca le dije a donde iba. Eran las 8 PM cuando llegué a nuestro apartamento y lo encuentro lleno de policías. Claro, con mami al final de la sala con un cinturón en mano. Creo que fue la gran pela de esa época de mi vida; sólo superadas por las pelas que patrocinaba alguien que ahora mismo no tiene importancia.

Encontré en la familia de Carlos Danilo muchos valores que quizá nunca hubiese tenido en casa. Aprendí mucho de ayudar desinteresadamente. Aprendí a comer en una mesa llena de gente. Me aprendí a sentar. Entre mi mamá y los Pestana Torres me enseñaron  a trabajar.

Pero era ahí, o desarmando electrónicos o dañando computadoras en casa. O jugando en las consolas prestadas de amiguitos que se iban de viaje. Pero siempre solo.

Y no sabe usted, señora Verónica, lo mucho que agradezco esos espacios de mi vida en que nadie ponía de más en el reloj de arena y el tiempo era mío y de yo poder controlarlo. No se me preocupe, que aprendí muy bien que mi familia son mis amigos y que sólo puedo contar con usted cuando algo se necesita.

Gracias a ti no hay razón pa’ andar echándole romo al corazón para que llegue el olvido ya que el vacío de los ausentes se llena con cualquier momento de ocio.

Ya de adolescente lo sabía. Me agarraba la madrugada cuando me tocaba caminar de Cyber Town hasta la casa. Recuerdo que a veces me esperabas despierta, preocupada. Pero ya sabías que vivía de la madrugada y sólo le temías a lo que la calle pudiese haber hecho conmigo.

Y nunca me juzgaste ni intentaste cambiar como era. De ahí aprendí a no juzgar, aceptar y dejar correr. En verdad no tienes que pensar mucho en lo que has hecho por mí porque has hecho bastante, a tu manera. No hablo de buena universidad ni tremendos colegios porque esos no me aportaron la gran vaina. Pero tú sí, con tu paciencia, tú sí, con tu espacio.


A lo mejor esto nadie lo entienda pero no tiene precio el que haya aprendido de alguna forma lo cruel que puede ser el cariño al compromiso y no a uno mismo. De lo mucho que cuesta el adaptarse y desprenderse. ¿Podré dejar la soledad que me caracteriza y soltar las mañas que me hacen quien soy? Mami, yo no sé.


Fernando Peralta Cruz.
New York, NY